“Quiero ser Facebook. Quiero llamarme WhatsApp o Instagram”

Me llamo Sara y tengo once años. Tengo un super papá y una super mamá que trabajan mogollón, aunque siempre están un rato conmigo los domingos por la tarde.

Es raro, porque durante los días de cole, cuando vuelven de trabajar, vienen acompañados. Es como si en casa fuéramos cinco: mi papá y su móvil, mi mamá y su móvil y yo. No entiendo por qué no me dejan cenar con mi peluche de Mickey, si él también es importante para mí. Bueno, en realidad somos más, porque los Reyes Magos nos trajeron una tablet, una tele nueva de esas que se conectan a Internet y que tienen mil millones de canales, y un portátil, porque mi mamá decía que nos “hacía falta”.

La verdad es que yo no entiendo mucho de esto, solo sé que a veces me gustaría ser el móvil de papá o de mamá, porque a él le hacen caso enseguida cuando hace un pitido. Se lo llevan a todas partes y pasan mucho tiempo con él, estén donde estén. Mi papá, por ejemplo, lo lleva en el bolsillo de su camisa, cerca de su corazón (¡¡jo, que suerte!!).

Sí, el móvil de mi papá y el de mi mamá tienen mucha suerte, duermen con ellos y son lo último a lo que prestan atención antes de ir a dormir y lo primero que ven al levantarse. A veces me siento como si estuviera sola o como si fuera invisible, porque cuando cenamos, estos otros miembros de la familia toman toda la atención de mis papás. Debe ser que yo no soy tan importante, ni tan especial como todos esos aparatos con los que convivimos. Debe ser que la “tecnología” (como dicen los mayores) les da algo que yo no les puedo dar.

Mi mamá, por ejemplo, no sabe que aunque su cuerpo esté en la misma habitación que yo, me doy cuenta de que su mente y sus pensamientos están metidos en esa pantallita, y de que en realidad no está conmigo. Mi pregunta es…dónde están las emociones de mi mamá cuando ella está en Facebook o en WhatsApp o en Instagram? Cuando voy a casa de mi yaya, ella también juega mucho rato a esos juegos de colorines tan chulos que hay en su móvil (en serio, ¡qué suerte tienen los mayores, que hacen lo que quieren todo el rato!).

¡Claaaaro! ¡Ahora entiendo lo que pasa! En realidad todas esas cosas hacen que los sentimientos de las personas no estén, se congelen o desaparezcan. ¿Será por eso que la gente se calma tanto con el móvil, el ordenador, la tele o la tablet? ¿Se sentirán menos solos con esos aparatos?

No lo sé… a mí me queda la opción de seguir pidiendo a mis padres que cenemos sin móviles y sin tele (aunque se sigan enfadando conmigo porque tienen que “estar conectados por si pasa algo en el trabajo o en el mundo”). También me queda la opción de emparejarme con la tablet de casa, que aún no tiene pareja estable, y así no sentiré la cosa esta como de vacío que siente mi corazón, estando con mis papás. Lo que pasa es que si hago eso, se enfadan porque me dicen que estoy enganchada a los jueguecitos del ordenador y que estoy en “mi mundo”.

¿Es extraño este mundo de los mayores, verdad?

¿Quieres sentir a tus hijos más cerca de ti? ¿Quieres nutrir emocionalmente a tu familia o incluso a ti mism@? Llámanos o escríbenos sin compromiso; podemos ayudarte!

Núria Esther Garcia, psicoterapeuta, docente, acupuntora 

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