¡Por un porro no pasa nada!

No, claro que no. Y por una borrachera, tampoco. Bueno, en principio no pasa nada; tu cuerpo elimina las toxinas al día siguiente, en medio de una resaca impresionante, y san se acabó, cierto?

Te has parado a pensar en las consecuencias energéticas de alterar tu consciencia a través de la marihuana, el alcohol o la cocaína?

Vale, estás de fiesta y tus amigos quieren pasarlo aún mejor. Alguien saca un porro y… bueno, como es sábado y vas agobiado porque has tenido una semana horrible, quieres relajarte y entras en el juego. La verdad es que al principio mola sentirse diferente, más contento, como “más suelto”. Además, hace rato que las cervezas y los cubatas van y vienen, y parece que la combinación de porros+alcohol+risas es muy chula, porque por fin te sientes a gusto, integrado en un grupo, sin preocupaciones, con toda la noche para ti y los tuyos.

A mitad de la noche, alguien trae cocaína y….ostras eso ya te parece mucho. La probaste hace un tiempo y no te dejó buen sabor de boca, porque a la mañana siguiente tuviste un bajón emocional importante, e incluso se te pasó por la cabeza la idea de suicidio. Una paranoia, vamos! Así que…de coca, nada de nada. Tabaco, porros, cervezas y cubatas vale ¡pero coca no!.

Me llamo Núria Esther, soy psicoterapeuta, acupuntora y docente. Tengo la capacidad de percibir los Campos Energéticos de las emociones de las personas (soy autora del libro “Campos Energéticos y Flores de Bach”). Puedo percibir, además, las energías y/o Almas de los seres que murieron pero que aún están “por aquí”. Mi labor terapéutica se remonta a 2002, y en este tiempo he visto muchísimas consecuencias, tanto físicas, como emocionales y energéticas en personas que, alguna vez, han tomado algún tipo de sustancia que ha modificado su consciencia.

Es muy cierto cuando una persona, habiendo tomado algo, fumado o esnifado algo, dice que escucha voces, ve colores, formas, energías… Sí, esto es así, porque todas las sustancias que alteran la consciencia abren descontroladamente nuestras percepciones. Esto significa que se es un blanco fácil para que determinadas energías se nos “enganchen”, modificando nuestra manera de ser, sentir, pensar y actuar. Cuando una energía se nos engancha, significa que se aloja -se introduce- en nuestro Campo Energético. Al abrir forzosamente la capacidad perceptiva, no hay control ninguno sobre la propia integridad energética. A menudo se tienen pensamientos quitando gravedad al episodio de drogadicción (sí drogadicción, sin pelos en la lengua), y es posible entrar en una espiral de sometimiento, tanto a la sustancia como a estas energías. Se inicia, asegura y fortalece la desconexión severa con la propia realidad emocional y se abre la puerta a las faltas al respeto al propio cuerpo mediante las drogas, mala alimentación y falta de descanso sin que se tenga consciencia de ello.

Llevo muchísimos años viendo los ojos de las personas que vienen a terapia; de hecho, es lo primero que hago al recibir a un paciente. Y cuando percibo una “negrura” especial, ahí hay claramente un enganche. Al hablar de drogadicción no me refiero a la típica imagen de los 80, de un chavalín con la aguja clavada en el brazo, en medio de la calle por la noche. No, cuando hablo de drogadicción me refiero a lo que viven muchas personas, que pueden fumarse un porro en casa, tranquilamente, para poder dormir, o cuando pillan “el puntillo” el fin de semana, porque, pse…hay que divertirse un poco y tampoco es para tanto, no?

Debemos ser conscientes de que hay muchísimo consumo (incluso diario) de marihuana, alcohol o cocaína, sobre todo en personas que rondan los 30 años y que tienen una posición social más o menos estable.

Las consecuencias de llevar “enganchada” una energía oscura, son muchas:

  • Desprecio absoluto por un proceso de terapia, sensación de que el terapeuta “me está tomando el pelo”. Estas energías sintonizan con el resentimiento, desconfianza hacia el mundo y victimismo interno de la persona. Es como que se juntan el hambre y las ganas de comer.
  • Desprecio y/o sensación de asco a las esencias florales y/o esencia de turmalina negra. Posibilidad de rotura “accidental” de la botellita con esencias que se le ha entregado en terapia. ¡Esto pasa un montón de veces!
  • Pensamientos más o menos recurrentes de que la vida no tiene sentido, que el suicidio sería una opción valorable.
  • Sueños o sensaciones nocturnas en las que se percibe una energía negra que se nos quiere llevar. Imposibilidad real de cortar con esta percepción, e incluso tener la vivencia de haber viajado a algún lugar con esas energías (y esto es tan real y constante en terapia, como que dos y dos son cuatro). Sensación de que, por la noche, no se es dueño de uno mismo.
  • Rechazo intenso y frontal a darse cuenta de lo que está pasando. La persona no es capaz de mirar a los ojos, rehuye la mirada y cuando te mira, no es ella, porque no son sus ojos.
  • Es posible que esta energía se vaya traspasando de unas personas a otras, alojándose en distintos miembros de la familia y amigos, sean de la edad que sean (niños incluidos, por supuesto).
  • A largo plazo, pérdida del camino vital y de las propias metas; la vida queda detenida, y la persona no puede avanzar ni conseguir lo que su Alma necesita. Esto significa que, a pesar de tener un trabajo “normal” o estable, la necesidad del Alma de crear algo bonito, positivo y constructivo para sí misma o para el entorno, queda castrada y demorada. Estamos hablando de que posiblemente el propósito de vida queda inhabilitado (poca broma).

Cuando un paciente que viene a terapia trae consigo estas energías, me doy cuenta rápidamente. Ofrezco determinadas esencias y/o medicamentos Homeopáticos para “despegar” las energías, pero sin perder de vista el origen, la razón por la cual ha tomado drogas. Porque si “solo” me dedicara a despegar energías y la persona volviera a traerlas a la siguiente sesión, mi trabajo sería como barrer en el desierto. Es importante saber que estas energías no son, por ejemplo, el Alma del abuelo que falleció, o el Alma de la madre que trata de ayudar al paciente; estamos hablando de energías que no forman parte de la naturaleza de las personas, simplemente.

En terapia, debemos ir al origen de la conducta del paciente, independientemente de que sea una conducta puntual o repetitiva. Siempre y cuando el paciente acepte e integre las heridas que lleva en su corazón, y esté dispuesto a sentirlas para sanarlas, el proceso de terapia será un éxito. Y los porros, las cervezas, los cubatas, la cocaína, quedarán en el pasado. Cierto es que en demasiadas ocasiones el paciente no está dispuesto a sentir dolor, ni a tomar responsabilidad en sí mismo, cosa que aprovechan estas energías para hacerle creer que quiere abandonar la terapia, diciendo que “ahora no tiene tiempo para la terapia, con los horarios de trabajo”, o que “la terapia es demasiado cara”. Por ello, el proceso terapéutico tiene momentos en los que, una vez encontrado el origen real (y doloroso) que subyace bajo la drogadicción, el paciente abandona la terapia. También hay momentos en los que el terapeuta lucha contra las energías, en la insistencia por ayudar a la persona a que se recupere a sí misma.

Quizá creamos que por un porro, una borrachera o una raya de cocaína no pasa nada; bueno… que pasaría si dejaras la puerta abierta de tu casa mientras duermes, solo una noche?

Si sospechas que pudieras estar alojando una de estas energías, te ofrecemos la posibilidad de pedir visita para un Diagnóstico Emocional y Energético.

En nuestro curso de Flores de Bach y Campos Energéticos (Homeopatía y Medicina China) aprendemos a percibir tanto los Campos Energéticos como este otro tipo de energías. Aprendemos también a trabajar con otras esencias y medicamentos homeopáticos, al encontrarnos con un paciente o familiar en esta dinámica.

Núria Esther Garcia, psicoterapeuta, docente, acupuntora 

nuria@nairem.cat   600 235 631   www.nairem.cat  

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