¿Qué es la vida, en realidad?

La libertad está dentro de ti, nunca la encontrarás fuera. Todos queremos vivir en libertad, o al menos creemos vivir en ella. Lo que pasa es que muchas veces no somos conscientes de lo que la vida es en realidad. La vida es lo que sientes, no lo que haces.

No suelo hablar a nivel personal en este espacio, pero hoy quiero romper esa norma. Quiero explicar qué es la vida, para mí. Hasta hace unos años yo vivía “bien”, bueno…”normal, como todo el mundo”. Pasaban los días, iba a trabajar, dormía más o menos bien… Ahora sé que no estaba viviendo, únicamente sobrevivía al hecho de que pasaran los días.

Afortunadamente caí en lo más profundo de la tristeza. A momentos, explotaba en rabia. En ocasiones la angustia era tan grande como para no dejarme comer en un par de días. Otras veces, me comía la nevera entera o no podía parar de fumar. Lo malo no era sentirme así (ya me había sentido así siendo niña y adolescente). Lo malo era no conocer nada distinto. Y lo peor era que ni siquiera sabía qué narices me pasaba, si es que me pasaba algo o es que en realidad la vida era así. Empecé a soñar cosas “raras”, sueños muy extraños, a veces violentos, a veces llenos de vivencias muy desagradables e intensas para mí. Confié en una buena terapeuta y juntas fuimos tirando del hilo de aquellos sueños raros para darnos cuenta de que el dolor de barriga y el malestar digestivo que me acompañaba desde hacía lo menos quince años, estaban relacionados con lo que estaba saliendo a la luz.

Y sí, caí del todo. Pasé un año largo en el pozo más profundo de mi alma. Sintiendo a cada minuto las ganas de dejar de vivir, de no querer avanzar más en la terapia, de dejarlo estar. Pero la vida continuaba, mi hijo necesitaba el mismo cobijo de siempre y yo debía seguir yendo al trabajo para mantenerlo a él y a mi. Lo peor no era tocar fondo; lo peor era que la vida seguía y no me permitía aislarme del mundo en mi cama, para no salir nunca más.

En ese año y pico de terapia, me dí cuenta de que llevaba más de treinta años viviendo en el control, en la represión, en la norma. Pero, ¿cómo sabes que la estructura que tienes, en realidad no te sostiene, sino que te aprisiona? Me dí cuenta de mis mecanismos para sobrevivir sintiéndome “normal”, en realidad eran para no sentirme peor. Me dí cuenta de que nada en mi vida estaba funcionando en realidad. No funcionaba mi descanso, mi alimentación, mi mente, mis emociones, mi papel de madre, mi sexualidad, mi ilusión, mis metas. Sólo sabía que la vida tampoco era como para tirar cohetes, la verdad. Y un día me pregunté…¿Ah, pero….es que la vida no es esto?. Fue duro, fue intenso, fue difícil pasarlo en total soledad, es cierto.

Ahora sé cómo es la vida en realidad, y quiero compartirlo contigo. La vida es comer lo que mi organismo me pide. Es mi cuerpo fuerte, sano, vivo, al que le permito enfermar cuando lo necesita. Es vestir y peinarme como yo decida. Es la serenidad interna de estar en paz con mi centro, que es la casa de mi alma. Es agradecimiento por tener la oportunidad de que mi hijo me rete a ser mejor persona. La vida es dormir, es descansar. Es disfrutar cada minuto del trabajo que me sale del alma. Es sentir mi sexualidad y estar en paz con ella. Es amar mi cuerpo, cada pelo, cada grano, cada cana. La vida es que mi mente silencie para siempre los reproches y las exigencias. Es comprender cómo funcionan mis emociones. Es darme permiso para confiar en mí. Es gritar, llorar, reír, enfurecerme, decidir. Es abrazarme y abrazar. Sólo tengo una vida y, aunque haya empezado tarde a vivirla, por fin encontré la libertad que no sabía que existía.

Una parte de mi vida es acompañar a las personas a que encuentren la libertad que tienen dentro, ya sea a través de la docencia, como a través de la terapia física o emocional. Gracias por tu lectura.

Núria Esther Garcia, psicoterapeuta, docente, acupuntora 

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