¿Y si me atraen las mujeres?

Como mujer, se te ha pasado esta idea por la cabeza, alguna vez? Estás viendo que, de las relaciones con hombres, te crece la frustración e incluso confusión respecto a tu tendencia sexual? Mi intención aquí es solo la de aportarte comprensión hacia ti misma, sea cual sea tu tendencia sexual.

Para empezar, algunas preguntas importantes que necesitamos hacernos son: qué quiero, qué espero o que busco en un hombre?

Existe la posibilidad (más común de lo que pensamos), de que una mujer busque o necesite la protección de una figura masculina para que la sustente. Quizá, también, haya necesidad de cobijo económico.

¿Puedes preguntarte ahora también: cómo son tus relaciones sexuales con un hombre? ¿Te sientes confiada, abierta, libre y segura de ti misma? ¿Te falta algo? ¿Te sobra algo? Según como, ¿tienes dificultades para llegar al orgasmo?

En muchas parejas heterosexuales la relación personal es estupenda, hay buena sintonía en todos los escenarios: en las tareas de casa, durante las vacaciones, en la organización de los fines de semana, en la economía, en la confianza, amor y apoyo mutuo….Pero en demasiadas ocasiones nos encontramos que está todo estupendo excepto el sexo, sobre todo por parte de la mujer. En realidad, de poco o nada sirve la excusa de que con el tiempo se pierde la pasión, es culpa de la rutina, o del cansancio. Es importante tomar consciencia de que, si algún aspecto no funciona bien en la pareja, hay algo que no está en línea.

No debemos olvidar el rechazo (cada vez menor, sí, pero aún existente) al lesbianismo. Por lo general, los hombres homosexuales tienen mucha más visibilidad y aceptación social que las mujeres homosexuales. Existe también la lesbofobia interiorizada: cuando una mujer internamente critica, juzga, rechaza o desprecia el lesbianismo, como si “no fuera natural”, o como si fuera “una guarrada”, o como si “no fueran familias/parejas de verdad” etcétera…. ¿Cuántas veces has oído decir que las lesbianas son unas “boyeras”, “tortilleras”, “guarras”….? ¡Palabras peyorativas, no faltan, no! ¿Cuántas veces has oído decir de una mujer que “es demasiado masculina”?

Estos prejuicios se oyen incluso dentro del entorno LGBTI, con frases como “a esta se le nota que es lesbiana” o “a aquella no se le nota nada”. Vamos a ver…es que tenemos que llevar la sexualidad escrita en la frente? Imagínate un mundo en el que fuéramos todos y todas con un post-it en la frente indicando “gay”, “hetero”, “lesbiana”, “bisexual”, “transexual”, “intersexual”…¿estamos locos?

Ahora, como niña que fuiste, dime si tuviste un papá protector, amable, emocionalmente sensible y cuidadoso que te alimentara el corazón con autoestima y respeto por ti misma. Lo tuviste? Muchas niñas (y niños, por supuesto) no lo han tenido y esa falta queda ahí latente, como si hubiera un vacío o una herida en tu corazón, que aún está sin curar. Esto es visible cuando la mujer espera o considera que el hombre tiene que venir a recogerla a casa, pagar la cena de la primera cita, tomar la iniciativa en las llamadas o en iniciar el contacto, conducir el coche (¡el coche del hombre!) o incluso planificar las vacaciones. ¿Cuántas mujeres necesitan ser la princesa del hombre? En serio….¿porque? ¿Por ser el hombre? Párate a encontrar una razón lógica y equitativa en las personas, para que una de ellas deba asumir esas responsabilidades y la otra no.

Evidentemente en este artículo no enfocamos ni sentenciamos el “origen” de la heterosexualidad ni del lesbianismo (ni la comunidad LGTBI) en una carencia de padre, ni mucho menos!!! Cada niño o niña sobrevive como puede a su infancia. Básicamente porque la sexualidad nace y no se hace. Lo que pasa es que algunas veces una mujer puede confundir su sexualidad, creyendo y sintiéndose heterosexual. Y eso es bastante cierto, porque cuando la necesidad de cobijo emocional quedó pendiente siendo niña, esa necesidad prevalece e invalida todas las demás, es decir: lo prioritario es encontrar ese cobijo, pasando por encima del resto de necesidades que se tienen como mujer adulta. Porque quien decide es la niña, no la mujer que se es en el presente. Y las niñas no tienen sexo con sus papás, sólo quieren sentirse cuidadas, como princesas protegidas, confiando que papá se encarga de todo lo que los papas-hombres tienen que encargarse.

Curar, para soltar la necesidad de un hombre protector, no es fácil. Implica profundizar en la propia infancia para darse cuenta cómo esa niña que fuiste aún está dirigiendo una parte de tu vida. Implica llorar, sentir el vacío o el abandono de papá, la rabia por no haberte sentido importante ni prioritaria para tu papá (¿Cuántas horas trabajaba él? ¿Cuál era su prioridad?).

Aquí no estamos para juzgar la crianza que tu papá o mamá te ofrecieron, porque seguramente bastante faena tuvieron ellos con intentar no repetir patrones de sus padres. Estamos “solo” para ayudarte a comprender qué te puede estar pasando con el sexo, por si sientes confusión o frustración respecto a lo que esperas de un hombre y lo que finalmente recibes.

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Núria Esther Garcia, psicoterapeuta, docente, acupuntora 

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